El langostino fresco es el cebo preferido de la corvina rubia: en la costa lo usan de tiro a tiro y rinde varias veces más que la anchoa. Detrás vienen la anchoa, el camarón, la almeja y las carnes blancas como el filet de carpa o de pejerrey.
La clave no es solo la carnada, es el estado del mar: en aguas movidas las carnadas fuertes (anchoa, langostino) ganan por goleada; en aguas calmas, la mojarra viva marca la diferencia.

Langostino: la apuesta más segura
Se presenta solo o combinado. El truco de los guías para que no se rompa en el lance: dividir la carnada y mantener la mayor parte sin abrir en una conservadora aparte, bien fría, usando la abierta solo para el tiro a tiro.
El sandwichito clásico combina lo mejor de dos cebos: la anchoa va abajo, atada más firme con hilo de carnadas, y el camarón arriba. Cuando la corvina está quisquillosa, esa combinación rinde más que cada carnada por separado.
Anchoa: la base de todo
Se consigue en cualquier casa de pesca, aguanta el mar y convoca por olor. Se presenta entera (para ejemplares grandes) o en filetes cortados al medio (para más piques). Truco: atala al anzuelo con hilo fino para que no la arranque el pique de las corvinas chicas del banco.
Con anchoa se pesca al fondo, con plomo que arranque de 60 a 120 gramos según la corriente y el muelle. En bahías abiertas, el plomo deslizante rinde mejor.
Mojarra viva y carnada viva
Cuando el agua está calma y la corvina es quisquillosa, la mojarra viva nadando libre es imbatible. Se presenta con boyador o a media agua con un plomo liviano, dejándola trabajar.
La carnada viva (gusarapo o lombriz en chorro) también rinde, sobre todo en muelles urbanos del Río de la Plata, donde la mezcla de especies hace que cualquier cebo proteico convoca.


