El bagre amarillo (Pimelodus clarias) es uno de los bagres livianos más divertidos de pescar en Argentina: chico, peleador e ideal para salidas de costa en el Río de la Plata y el Litoral. Muerde prácticamente todo el año, pero es en otoño e invierno cuando las capturas son más rendidoras: en Berisso y Ensenada el pique se mantiene firme durante todo el invierno, con jornadas donde amarillos y porteños son los protagonistas de la variada.
No hace falta equipo grande: se pesca con liviano, desde muelle o embarcado, y las carnadas son las que cualquier pescador tiene a mano. Por eso es la especie perfecta para arrancar en la pesca deportiva.
No hay que confundirlo con el bagre de mar (el mimoso), la especie migratoria mucho más grande que entra al estuario en primavera: el amarillo vive todo el año en el río, muerde en pleno invierno y su pelea, aunque chica, es constante. Son pesos y técnicas distintas.

Las carnadas que funcionan
La carnada número uno es el gusarapo (gusano de fruta): chico, vivo, se engancha entero y el bagre lo traga de inmediato. Le siguen la lombriz colorada, la mojarra chiquita y las mezclas de masa para pejerrey, que en las lagunas del sur bonaerense dan muy buen resultado.
Regla práctica: carnada chiquita y mucha en el agua. El bagre amarillo come en cardumen, así que conviene cebar el pique y mantener la zona activa con cebaduras pequeñas y seguidas.
Equipo y aparejo
Una liviana de 4 a 6 libras con reel chico alcanza de sobra. La línea más rendidora es el clásico aparejo pejerreyero de 2 a 3 anzuelos chicos (número 6 al 10) con plomo acorde a la correntada, y boyador fino para detectar el pique sutil.
Desde muelle, un flotador grande ayuda a separar el pique del fondo; embarcado, conviene dejar la línea apoyada en el fondo con plomo suelto para que la carnada se mueva un poco.


